Archivo | abril 2016

Los olvidados

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Cuatro meses, dos días, cinco horas. Hubo una época en la que la humanidad se escandalizaba debido al abandono de presos en Siberia por parte de la URSS; pero esas críticas desaparecieron arrastradas por los nuevos tiempos. Errores pasados se han cometido, pero a falta de un culpable se siguen sucediendo.

Cuatro meses, dos días, seis horas. No sabría decirte con exactitud la fecha en la que entré en este lugar que parece no tener fin. Los días se clavan como cuchillos a tu espalda, cargando un peso muerto, perdiendo la poca humanidad que resiste en tu cuerpo. Las líneas del bien y el mal son difusas, la moral ha cambiado, sólo existe un mantra: “sobrevive”.

Cuatro meses, tres días, una hora. Casi no recuerdo la Tierra, sólo sé que es esa masa azul que se observa a lo lejos, bañada en bruma. Mi estancia allí se vio truncada por un crimen del que yo era inocente, y lo último que sentí en ese alejado planeta fue un pinchazo que me sumió en la más absoluta oscuridad. Cuando desperté ya estaba aquí. Tumbada y envuelta en calima, confusa y perdida. Observaba desesperanzada mi nuevo hogar: montañas blancas de arena, piedrecillas que se clavaban en los pies desnudos, huecos infinitos que debías saltar, ojos que acechaban en la sombra.

Cuatro meses, cinco días, tres horas. Aquí nadie te pregunta quién eres. Nadie lo sabe. Ya no soy Mara, porque esa chica inocente y extrovertida nunca habría matado a esa alimaña que un día fue una persona; nunca, a pesar de ser en propia defensa, habría clavado aquel cuchillo en la entrañas del hombre. No, ahora era simplemente el sujeto 359.062. Sí, alrededor de 400.000 personas habían sido desterradas a esta zona desolada que, en algún momento, se había llamado “la misteriosa Luna”. Nos dejan aquí, olvidados, con la esperanza de que muramos y no podamos decir nada. Morimos, sin ser echados en falta.

Cinco meses, un día, cuatro horas. ¿Amigos? Eso no existe aquí. Sólo hay aliados, gente que busca sobrevivir, como todos. ¿Escuchas ese rum rum constante? Traen a alguien nuevo. Ocultos entre los granos blancuzcos de tierra, esperamos a que llegue desde la Tierra la nave no tripulada. Mucha gente ha intentado volver a la Tierra, pero este vehículo se autodestruye y lo asola todo. Tal sólo hay un margen de tres minutos y cuarenta segundos para coger todo lo que encuentres dentro y salir antes de que explote. En cuanto observo que el sujeto 299.993 comienza a correr, arranco y le sigo. Tenemos un mismo objetivo. Me escabullo por detrás de la nave mientras unas cincuenta personas se enzarzan en una encarnizada lucha por entrar y apoderarse del botín. Han olvidado lo que es ser civilizado. Todavía me horrorizo al ver la sangre derramarse, los cuerpos caer. Aún tengo suficiente lucidez para pensar otra alternativa, y lo que hago es abrir un hueco en el pladur negro del que, hoy día, se realizan estos trastos. Quedarán unos dos minutos para que estalle, debo darme prisa. Al entrar cojo las reservas de agua que puedo acarrear, una pistola automática y una mochila repleta de comida envasada. Alguien entra tras de mí. Es una mujer de mediana edad, armada, con el cabello colgando graso a ambos lados de unos ojos celestes que, hace años, debieron brillas de ilusión y que en este momento, lucen vacíos y extraños. El disparo resuena con fuerza. Antes de que el cuerpo caiga inerte al suelo, ya he escapado por el hueco llevando conmigo las reservas conseguidas, sabiendo que no será la primera vez que tenga que disparar este arma. Cinco segundos y la nave vuela en pedazos, llevándose a todas esas personas que, valientes, sólo querían seguir viviendo.

Cinco meses, doce días, siete horas. Los carroñeros aún siguen alrededor de los restos de la última nave que ha llegado, se alimentan de los cadáveres de las pobres almas que perecieron allí. Me alegro de haber cogido la bolsa de alimentos deshidratados, aunque sé que si no llega otro preso pronto seré como ellos.

Cinco meses, trece días, dos horas. Andando por la superficie lunar encuentro un pedazo de periódico, a pesar de su lamentable estado aún, escrito con letras legibles, se puede observar la fecha: 3 de Abril del 2116. Y pensar, que hace cien años, soñábamos con vivir en la Luna.