Inamovible

Los rayos de sol iluminaban curiosos el rostro de la joven. Su silueta se distinguía entre la espuma que la bañaba tras cada embestida del enfurecido mar. El vaporoso vestido turquesa se pegaba a sus muslos, a su cadera, descubriendo las curvas que se había visto obligada a repudiar, como consecuencia de un canon impuesto que rozaba lo enfermizo. El cabello café caía rizado hasta la mitad de su espalda. La mirada expresiva y parda se posó entonces en el horizonte.

–Le quiero. –El rumor salado no fue capaz de frenar su afirmación–. Me la suda si no es correspondido y me la suda su opinión.

 

Playa Cabo Gilla, Salobreña, Granada

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